lunes, 30 de mayo de 2016

El último domingo de lluvia.

   14 de febrero:
El último domingo de lluvia.
     8 de mayo:
Aún recuerdo los días en los que amanecíamos en esa cama en la que yo tantas noches solo pasé. 
La oscuridad de las noches y el grisáceo tiempo de ahí fuera tan solo pedían a gritos que nos cobijáramos entre las mantas y calentásemos nuestros cuerpos con besos.
Los amaneceres con la calefacción ya apagada, y ella, con su costumbre malsana de dormir desnuda conmigo solo para que yo acariciara una vez más esa piel que había intentado preparar para que fuera siempre tan suave como la primera vez que nos vimos, sin interiorizar que ese olor no era precisamente de mi agrado, y que casi hubiera preferido que fuera puntual.

Rainy Night, Michele del Campo.
La encontré mirando la lluvia a través de un cristal empañado, la encontrabas espiando a los vecinos con esa miopía suya que no le permitía realmente ver nada. Dibujaba con el dedo corazones en la ventana y escribía "te amos" que yo pocas veces llegué a ver, porque como nuestro efímero amor fue, a los pocos minutos el rocío se encargaría de borrar; porque no me importaba realmente, ya que no dejaban de ser actos de una niña pequeña, una niña que solo quería que la amasen por encima de todo, pero que a su vez el resto del tiempo decía querer proteger a todo el mundo de sí misma. Era la misma que besaba con carmín mi espejo para que cuando fuera en algún momento a limpiar lo viese y me acordase de nosotros, quizá con la esperanza de que sonriese en vez de enfadarme... pero hoy como mucho podría ponerme nostálgico porque ella ya no estuviera aquí conmigo.

Fue extraño cómo tornaron las cosas. Un día como hoy ella hubiera estado aquí conmigo, en mi cama, en casa, bajo la misma situación, con la primavera de su ropa en el suelo, y ese empeño mío en ir a desayunar porque habíamos amanecido juntos, o quizá nos hubiéramos quedado en la cama hablando de nada porque hicimos de ello una costumbre, o también quizá nos hubiéramos duchado juntos, aunque a ella no le gustase ducharse conmigo porque se avergonzaba de su cuerpo y no concebía la idea de estar ese cuadrículo de dimensiones ínfimas y no follarnos empapados de ganas, y seguidamente tumbarnos... cómo no. Pero lo cierto es que las cosas nunca pudieron ser como las primeras veces, caímos en la monotonía de hablar solo de las cosas buenas de la vida cuando estábamos juntos y de lo mal que estaba siempre; expectativas y planes que nunca cumplimos; ocultarnos las cosas hasta no haber partido en dos el órgano central; jugar peligrosamente con el amor imperfecto. Todas esas cosas que nos separaron. Tampoco comprendía que mi felicidad no estaba en sus manos, sino en las cosas más bellas que había visto y vivido, que fueron las que con el tiempo fui perdiendo a medida que estábamos juntos, a medida que pasaba el tiempo, a medida que las cosas tornaron a romperse y ninguno de los dos supo ver porque no quiso, porque es la verdad, ninguno de los dos pudimos porque no quisimos.
|
   31 de mayo:
Ahora que no estás, estamos lejos de verdad. No sé cuándo ni con qué seguridad te volveré a ver, pero tus cosas son tuyas; tú siempre fuiste tuyo, y yo dejé de ser mía cuando tú te fuiste y dejamos de ser nosotros.

4 comentarios:

  1. Dejamos de ser nosotros.
    Qué cosa tan horrible separarte, verdad?

    ResponderEliminar
  2. Dejamos de ser nosotros.
    Qué cosa tan horrible separarte, verdad?

    ResponderEliminar

¿Aún no me has encontrado?¿aún no sabes quién soy?