domingo, 6 de marzo de 2016

Dolor.

Puedo sentir el hambre alcanzar mis huesos, puedo sentir esta anoxia cerebral con su correspondiente dolor, puedo ser consciente de que mi cuerpo no es más que un cúmulo de golpes, magulladuras y cortes, todo sobre esa piel que tanto amabas acariciar y tan adictiva dijiste que era. Y sin embargo, no darle más importancia que esta agonía que emerge de mi corazón herido por tu ausencia de palabras y ausencia de ser.
Soy nerviosismo por las mañanas, soy insomnio y ansiedad por las noches, te conviertes en pesadilla tras pesadilla cuando duermo. Soy un ciclo de cama y soledad, abrazada a la huida y al vacío de la vida.
Todas las rupturas dicen que se superan, pero yo ni siquiera tuve tiempo de saber quién eras ni qué quisiste siempre de mí.

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