lunes, 3 de noviembre de 2014

Mi casa ya no está donde tú estés. Ahora mi casa es un abrazo del mar con los besos salados...

Soy una persona depresiva, pero este verano cuando volví a Lanzarote, me sentí muy bien... me sentí plena, libre y feliz. Sentí que ahí es donde quería volver, pasar el resto de mi vida, entre saludos ajenos y sonrisas desconocidas. Entre los rayos del sol dando sobre mi espalda, arena húmeda en mis pies, y largos paseos nocturnos. 
Volver a él/ella me ha hecho darme cuenta de que mi felicidad no debe de ninguna de las maneras basarse en lo que elijan otros para mí. He estado toda una vida sometida a las elecciones de lo que la gente que me rodeaba creía más acertada para mí, pero ahora entiendo que si realmente quiero ser feliz, tengo que empezar a pensar si aún sigo queriendo mantener las relaciones y amistades que no me llenan... sintiendo que cada sonrisa está condicionada por una vida que no está hecha para mí. He entendido que todo va mucho más allá del bien o del mal. Ahora soy consciente de que si algo me afecta como me ha afectado estos últimos años en Madrid, es porque siempre me he dejado "vencer" sin antes haber luchado... pero también es que de luchar uno se cansa. 

Necesito volver. Contigo.

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